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El blog de Juantxo López de Uralde

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«Uralde aboga por la reindustrialización en clave ecológica en España»

21 de octubre de 2019

En un debate organizado por el Club Español de la Energía, este lunes 21 de octubre, y en el que han participado representantes de los principales grupos políticos, el candidato de Unidas Podemos por Álava, Juantxo López de Uralde ha destacado que «Las preocupaciones de las empresas atienden a sus intereses, pero en materia energética existen otros actores a los que escuchar y que para nosotros son prioritarios: hablamos de la gente que no puede pagar su factura de la luz, de los ciudadanos afectados por la contaminación o de los jóvenes que se movilizan contra el cambio climático”. De hecho, la desigualdad, la emergencia climática y la pobreza energética, ha recordado, son para su formación, Unidas Podemos, “la principal preocupación, y no tanto lo que le quita el sueño al oligopolio».

En este sentido, ha destacado que existen medidas que son necesarias como la reducción tarifa de la luz para avanzar en la electrificación y la eficiencia energética. Es necesaria también “la intervención en el sector del transporte y la movilidad, o la rehabilitación de vivienda, ya que ya que además tienen un impacto directo en la vida y el bienestar de las personas”.

En cuanto a la industria del automóvil, el candidato de Unidas Podemos ha incidido en que es una industria que ya “está cambiando globalmente, se está reconvirtiendo. El reto que tenemos es que esa esa innovación de la industria, que ya está teniendo lugar en otras partes, también tenga que ocurrir aquí. Si no lo hacemos se va a convertir en el verdadero problema para el empleo, porque la producción se va a trasladar a China, o a otros lugares más competitivos”.

En esta línea, ha reivindicado la necesidad de que España se ponga a la cabeza de un proceso de ‘re-industrialización verde’, ya que «La transformación se está realizando. Nosotros tenemos dos opciones: quedarnos a la cola, o comenzar con el cambio y ponernos a la cabeza”.

[Publicada en telegra.ph]

La transición ecológica no puede ser mera retórica

Llevamos muchos años perdidos en la lucha contra el cambio climático. Globalmente las emisiones siguen aumentando. Los esfuerzos internacionales son insuficientes porque no consiguen frenar el aumento de emisiones, y la acumulación de CO2 en la atmósfera no para de aumentar.

En España las cosas no son mucho mejores: mientras estuvo en el gobierno, el PP nunca tuvo verdadera intención de presentar un borrador de Ley. A pesar de sus reiteradas promesas de que España tendría una ley de cambio climático en esta legislatura, hemos pasado el ecuador de la misma sin que se haya iniciado el proceso.

Todo eso, a pesar de que los síntomas negativos del cambio climático son más que evidentes en nuestro país. Además, se da la paradoja de que somos un país tremendamente vulnerable al calentamiento, pero a la vez somos causantes, y las emisiones han continuado aumentando, en 2017 crecieron un 4,5%. Hemos perdido los dos últimos años, a pesar de que una mayoría clara en el Congreso se ha mostrado favorable a legislar para establecer un marco jurídico estable en la lucha contra el cambio climático.

Por ello, es urgente tener esa Ley de Cambio Climático y Transición Energética antes de que termine esta legislatura, una ley que sea no solo ambiciosa, sino también transversal que afecte a todos los sectores involucrados en el cambio climático. Una Ley como la que presentamos el pasado mes de julio.

Nuestra voluntad para llegar a una Ley contra el Cambio Climático es inequívoca, por eso en la reunión que hemos mantenido con la ministra Teresa Ribera, hemos acordado abrir un espacio de trabajo en común con el compromiso de acabar la legislatura con esta ley aprobada que sirva para abordar la necesaria transición ecológica, que ahora da nombre a un ministerio y que, en medio de la crisis ambiental en la que estamos inmersos, no puede quedarse en mera retórica.

En lo concreto hablamos de objetivos ambiciosos de reducción en las emisiones de CO2, que debe ser el eje fundamental de la ley, que  contemple un Plan de impulso a las energías renovables, y un Plan Nacional de eficiencia energética; abordar el cierre de las centrales nucleares y de carbón de forma ordenada con su sustitución progresiva por energías limpias; la necesaria fiscalidad verde que transforme en hechos aquello de “quien contamina, paga” y que aborde también las políticas de resiliencia y adaptación al cambio climático. En definitiva, un nuevo marco en el que la lucha contra el cambio climático sea el motor del cambio de modelo. Transformemos el grave problema en una oportunidad para nuestro país.

(Artículo publicado en ecoticias.com)

¿De qué hablamos cuando hablamos de transición energética en España?

Los seis años de Gobierno del Partido Popular han supuesto un auténtico desastre para el medio ambiente en nuestro país. Las políticas contra-ecológicas que desarrolló el Gobierno de Rajoy se han llevado por delante las leyes ambientales que se construyeron a lo largo de los años democracia. Urge salir del túnel y construir las nuevas políticas ambientales que hagan frente a las grandes crisis ecológicas del siglo XXI: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

España es especialmente vulnerable al cambio climático, que está afectando ya a recursos claves para nuestra economía como la disponibilidad de agua, los recursos pesqueros o la fertilidad del suelo. El aumento de la desertificación amenaza especialmente amplias zonas del sur y sureste de la Península Ibérica. Los datos que hemos conocido sobre el nuevo récord de temperatura, registrado en Argelia hace sólo unos días, no dejan margen para el optimismo, y nuestra posición geográfica limítrofe con África debería ser una advertencia suficiente. En este contexto los años de inacción son inexplicables. Ahora hay que recuperar el tiempo perdido.

La lucha contra la crisis ecológica debe ser global, pero nada justifica que nuestro país con un enorme potencial en el desarrollo de las energías renovables se haya quedado parado durante casi una década, poniendo obstáculos al desarrollo de las energías limpias. En este tiempo España se ha desplomado en el ranking europeo de energías renovables, pasando del segundo lugar al decimosexto. Ahora hay que revertir esta situación.

Hasta aquí las malas noticias, ahora las buenas: si hay voluntad política y consensos suficientes muchas de las políticas que nos han traído aquí pueden revertirse. Esto es especialmente cierto en materia energética. Desde la entrada con fuerza de la energía eólica hace ya unos años, el mix energético no ha variado sustancialmente. Quizás el cambio más notable en los últimos años haya sido un aumento del peso del carbón en la generación eléctrica, que ha tenido como consecuencia el aumento de emisiones del 4,4% en 2017.

Parece haber un amplio consenso político sobre la necesidad de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Pero ese presunto consenso puede también ser un espejismo, ya que bajo ese título cabe casi todo, como hemos visto con la reciente presentación, por parte del exnegacionista del cambio climático Rafael Hernando, de una PL del Partido Popular. Es imprescindible que esa ley sea ambiciosa y contemple objetivos que vayan mucho más allá del mandato de la Unión Europea; que sea transversal y afecte a todos los sectores que tienen incidencia en las emisiones de gases: energía, transporte, edificación, agricultura y ganadería, industria y urbanismo; y que sea socialmente justa, desterrando la pobreza energética y apoyando modelos de transición social en las comarcas que se puedan ver afectadas por los cambios.

Desde mi punto de vista hay elementos imprescindibles que debe contener esa ley. En primer lugar el reconocimiento de que el actual mix energético sigue siendo inadecuado y que hay que avanzar hacia un modelo 100% renovable. A estas alturas seguir discutiendo la necesidad del cierre del carbón o de la nuclear, de la cual hoy Teresa Ribera ha confirmado el cierre tras 40 años de vida útil de las centrales, nos aleja de esa Transición Energética. ¿Decimos todos lo mismo cuando hablamos de transición energética? ¿Queremos llegar todos al mismo punto? Esto es lo primero que debemos clarificar. Llegar a un modelo renovable supone también apostar por una descentralización de la energía, por el acceso universal a la misma para todas las personas y por su democratización. Es un modelo opuesto al actual oligopolio que domina actualmente el mercado energético español, pero que es ecológicamente beneficioso, socialmente ventajoso y tecnológicamente posible. Eso sí, quizás no asegure asientos en consejos de administración.

Ahora el Gobierno del PSOE tiene la posibilidad de dar los pasos necesarios para ese cambio de modelo energético. El debate está abierto, pero es urgente actuar. Sabemos a dónde queremos llegar y sabemos cómo hacerlo. No perdamos más tiempo.

 

(Artículo publicado en eldiario.es)

Chernóbil, 32 años después

Las alarmas saltaron en el norte de Europa en los últimos días de abril de 1986, cuando se detectaron índices anormalmente altos de radiactividad. La Unión Soviética no había informado de que el 26 de abril el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, había saltado por los aires. Solamente cuando era imposible mantenerlo en secreto, el gobierno de la URSS tuvo que reconocer que había sufrido un grave accidente nuclear. El más grave que se había registrado hasta entonces, aunque no el primero. La memoria de Chernóbil se mantiene viva 32 años después, porque simboliza la cara más negra de la energía nuclear, la del accidente más grave posible.

El accidente de Chernóbil tuvo efectos devastadores. La nube radiactiva se extendió por toda Europa. En un primer momento tuvieron que ser evacuadas más de 120.000 personas de la zona afectada, pero todavía hoy la zona de exclusión de 30 kilómetros continúa deshabitada. En el momento de la explosión se produjeron 31 víctimas mortales, pero la cifra final es mucho mayor, ya que en la limpieza participaron entre 600.000 y 800.000 “liquidadores”, muchos de los cuales murieron sin ningún reconocimiento como victimas.  La cuestión de las víctimas ha sido objeto de un blanqueo para el lavado de imagen de este terrible accidente.

La historia que más me impresionó siempre de Chernóbil es la de los liquidadores. En las primeras semanas la URSS movilizó a decenas de miles de personas cuya función era entrar en la zona del accidente durante unos pocos minutos para echar arena en el reactor. Los primeros días lo hacían desde helicópteros, pero luego subían corriendo al techo del reactor, echaban la arena dentro y volvían corriendo. Se calcula que entre 600.000 y 800.000 personas hicieron ese trabajo. Es imposible cuantificar cuántas de ellas murieron por exposición a la radiactividad, pero sin duda fueron decenas de miles. Por eso no es admisible esos intentos de minimizar el número de víctimas. Debido a ese blanqueo de imagen, los liquidadores nunca han tenido ningún reconocimiento ya que de haberlo tenido habría que haberlos cuantificado como víctimas. Fueron héroes anónimos y silenciados para siempre.

Coincide este 32 aniversario con el anuncio del Gobierno español de alargar la vida de las nucleares hasta los 60 años. Se trata de una propuesta que olvida interesadamente que el riesgo de incidentes en las centrales nucleares aumenta progresivamente a partir del momento en que cumple el tiempo para el que fue diseñada. Las centrales nucleares son viejas, y cada vez tienen mayor número de incidentes. En la última comparecencia del Presidente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en el Congreso, quedó en evidencia el alto número de incidentes que sufren las centrales nucleares españolas. El récord se lo llevaba Cofrentes, con 10 incidentes en 2017, pero ninguna central nuclear se ha visto exenta de incidentes en los últimos años.

En contra de lo que defienden sus defensores, la energía nuclear no es limpia. Las nucleares producen residuos radiactivos con una larga vida y cuya gestión, hasta ahora fundamentalmente almacenamiento, sigue siendo un problema sin resolver. Además, Chernóbil está ahí para recordarnos las consecuencias de un accidente nuclear.  La energía nuclear no es una apuesta peligrosa, y el alargamiento de la vida útil de las centrales supone someter a las personas y al medio ambiente a un riesgo desde mi punto de vista inaceptable.

España cuenta con abundante energía renovable. Tenemos mucho sol y mucho viento, así que no tiene sentido que estemos sometidos al riesgo nuclear, ni a la quema de combustibles fósiles.  Chernóbil nos recuerda que el camino nuclear es un callejón sin salida.

 

(Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia)

Urge un cambio de modelo energético

Esta semana se ha conocido el informe del grupo de expertos establecido para asesorar sobre el contenido de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Había mucha expectación sobre lo que este grupo pudiera decir, aunque sus propuestas hay que enmarcarlas en un amplio debate que se está produciendo sobre el futuro energético en el actual contexto de cambio climático. Así, este informe se suma a los presentados recientemente por Greenpeace y también al documento del Observatorio Crítico de la Energía. El Comité estaba constituido por 14 expertos, tres de los cuales emitieron votos particulares y se abstuvieron en la votación final.

La primera conclusión común que podemos sacar del conjunto de documentos sobre energía que se vienen conociendo últimamente es que el futuro energético español debe basarse en las energías renovables. Sobre esto ya no hay discusión entre los expertos, y supone un primer paso importante, ya que para avanzar hay que saber dónde se quiere llegar. En este caso el consenso de que la transición energética debe dirigirse hacia un modelo 100% renovable es total; las diferencias emergen sobre cómo debe realizarse ese proceso, y cuáles deben ser los objetivos a 2025 y 2030.

Sin embargo, la cuestión a día de hoy es que hay serias dudas de la voluntad del Gobierno para presentar una Ley contra el cambio climático en esta legislatura. En su última intervención ante el pleno del Congreso, el ministro álvaro Nadal advirtió de que no habría Ley hasta que la Unión Europea hubiera aprobado las suyas pero, en realidad, se trata de la última excusa del Gobierno para no cumplir con una promesa que hizo Rajoy en 2016 y que se sigue retrasando, generando con ello un profundo malestar en muchos colectivos de sectores muy diversos. Precisamente el informe del comité de expertos fue encargado para dotar de contenido a esa Ley, cuya elaboración ahora parece alejarse en el horizonte. En todo caso merece la pena profundizar en el documento.

El informe aborda en ocho capítulos sus distintas propuestas de política energética. Aunque todos son de interés, desde mi punto de vista lo más importante es el análisis de los escenarios que plantea, y sus propuestas en materia fiscal para abordar el cambio de modelo energético.

Muchas de las propuestas que realizan son compartidas, y suponen una profunda crítica a la actual política energética del Gobierno: cuestionan, por ejemplo, el “impuesto al sol” que ha frenado el desarrollo del autoconsumo eléctrico, y también ponen el solfa en el interés de las interconexiones con Francia impulsadas desde el Gobierno. También abogan por la reducción de la demanda final de energía, hace una apuesta clara por la electrificación del transporte y aborda la necesidad de una transición justa para aquellas comunidades afectadas por el cierre de alguna instalación. Hasta aquí los consensos, que por cierto, no son pequeños.

Veamos donde emergen las mayores discrepancias. En primer lugar el objetivo elegido de alcanzar un 27% de energías renovables está muy lejos del propuesto por el Parlamento Europeo, que apostaba por un 35%. Desde mi punto de vista, España es un país que debe ser muy ambicioso en cuanto a sus objetivos renovables, porque si alguna fuente de energía tenemos es sol y viento. Un objetivo poco ambicioso en energías renovables condiciona el resto de los escenarios, ya que al no cubrirse la demanda con renovables, deben entrar en juego otras fuentes de energía.

Ciertamente el comité de expertos es bastante explícito con el carbón, al que le da poco tiempo de vida en base a una futura subida del precio del CO2, pero no ocurre lo mismo con la energía nuclear, y seguramente sea el punto de mayor. Básicamente, sostiene que sin alargar la vida de las nucleares aumentarían las emisiones y se encarecería el precio de la energía, algo que otros informes recientes como los mencionados de Greenpeace o el Observatorio Crítico de la Energía desmienten.

Da la sensación que mientras en el largo plazo hay un amplio consenso sobre el futuro 100% renovable, sin embargo se quiere llevar el debate sobre el corto plazo a un: nuclear sí/nuclear no. En realidad este extremo sería pedir la sociedad que elija entre dos riesgos, ambos inaceptables, riesgo nuclear versus riesgo climático. Es aquí donde la discrepancia es más fuerte, ya que es posible abordar la necesaria transición energética prescindiendo también de la energía nuclear. Nadie dice que sea fácil, pero es técnicamente posible. Se trata de tener voluntad política para alcanzarlo.

Pero esa voluntad es la que falta por parte del Gobierno. No se atisba a corto plazo que, a pesar de las evidencias de que el cambio climático está aquí y azotando fuerte, vaya a poner sobre la mesa esa prometida Ley de Cambio Climático y Transición Energética. En todo caso el debate está en la sociedad, y el avance hacia un nuevo modelo energético es ya irreversible. La resistencia del Gobierno no podrá frenar ese cambio que ya está en marcha.

 

(Artículo publicado en El Español)