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El blog de Juantxo López de Uralde

Etiqueta: IPCC

COP24: humo negro en Katowice

La Cumbre del Clima de este año (COP24) se ha desarrollado en Katowize (Polonia), capital de la región minera de Silesia. Parece que con ello el Gobierno polaco ha querido hacer un gesto con su importante sector del carbón, organizando en Katowize la reunión internacional más importante en la lucha contra el cambio climático, en un momento en que la salida del carbón se considera una necesidad ineludible para tener éxito contra el calentamiento. Quizás por ello, la necesidad de una transición justa en el cambio de modelo energético ha estado en esta reunión más presente que nunca antes en estas cumbres.

La presencia del lobby del carbón ha sido muy visible estos días en Katowize ya que han aprovechado su fuerza en la región para dejarse ver, pero, paradójicamente, el humo negro en esta ocasión ha venido de los petroleros. Estados Unidos ha liderado un grupo de cuatro países, junto a Rusia, Arabia Saudí y Qatar que han hecho lo todo lo posible por poner obstáculos en esta reunión para evitar avances en la lucha contra el cambio climático.

En esta ocasión el motivo de la trifulca ha sido el último informe del IPCC que advierte de la necesidad de evitar un aumento de las temperaturas globales por encima de 1,5º C. Los países petroleros han querido impedir la adopción del informe por la COP, porque supone aumentar el grado de ambición.

Si no aumenta la ambición y el compromiso de los países para la reducción de las emisiones con respecto a los Acuerdos de París, estamos ante un escenario de aumentos de la temperatura media más allá de 3º C. Es decir, los compromisos actuales son insuficientes para hacer frente la magnitud del problema que se nos viene encima.

El lamentable papel de Estados Unidos no puede ser pasado por alto. Dice Trump  que abandonan el Acuerdo de París, pero mientras lo hacen van a dejar tantos palos metidos en los mecanismos como les sea posible, para impedir que funcione. Se trata de un boicot brutal e inaceptable, que no está siendo denunciando con la suficiente firmeza por el resto de gobiernos, temerosos del poder norteamericano.  Si no van a colaborar, al menos que dejen trabajar a quienes si quieren comprometerse en esta difícil tarea.

El problema de las negociaciones es que están yendo demasiado lentas. Hace falta muchas más ambición, y por ello el IPCC reclama medidas sin precedentes: la reducción de las emisiones en un 45% en 2030.  Si no se redobla el esfuerzo, de poco servirá lo que se ha hecho hasta ahora. A falta de solo una década para llegar a esa fecha limite, aquel mensaje de “dejar los combustibles fósiles en el suelo” cobra más fuerza que nunca.

 

(Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia)

COP24: la política contra el clima

Comienza en Katowice (Polonia) la Cumbre del Clima (COP24) en un escenario político internacional muy preocupante: al ascenso a la presidencia de Estados Unidos del negacionista climático Donald Trump, se une ahora, en Brasil el triunfo de Jair Bolsonaro, quien ha asegurado que el cambio climático es una “conspiración marxista”. Sus agendas políticas xenófobas y contrarias a los derechos humanos, coinciden también en ser negacionistas del cambio climático. Se trata de dos países clave e imprescindibles para que la agenda climática sea efectiva, por lo que las políticas globales para frenar el cambio climático se están viendo muy gravemente mermadas por el ascenso del negacionismo político.

Este escenario político se produce cuando precisamente el órgano científico de Naciones Unidas para el clima (IPCC) acaba de advertir de que estamos en la cuenta atrás, y que es imprescindible mayor ambición en la lucha contra el cambio climático. La capacidad de amortiguar el cambio climático se agota, y el objetivo de evitar un aumento de 1,5 ºC requiere de una acción urgente y ambiciosa que cada vez parece más alejada.

El éxito de la Cumbre de Katowize dependerá de que los países adopten compromisos mucho mayores de los actuales. En la actualidad, con los compromisos adoptados en el Acuerdo de París, en 2015, las temperaturas medias aumentarían por encima de los 3 º C. Un objetivo muy alejado de lo que la ciencia nos está recomendando. Esa acción urgente y decidida no parece estar ni siquiera cercana, y el tiempo se agota.

Aquí, en España, ya han surgido los “bolsonaros” y los “trump” en la figura del extremoderechismo de Vox. Cuando ya parecía que el fantasma del negacionismo se alejaba, una vez dejado atrás Rajoy y su primo, irrumpe este partido cuya aproximación al cambio climático es que, simplemente, no existe. Es el único partido español que no hace ninguna referencia al mismo en su programa electoral. Ya sabemos qué se puede esperar de ellos.

La política no está ayudando a defender el clima. El desgraciado avance de la extrema derecha global se está cebando con las políticas de defensa ambiental. Hace unos días Donald Trump respondía a un informe de la Casa Blanca sobre el impacto del cambio climático en Estados Unidos con un breve “no me lo creo”. Es terrible.

Dicho esto, la negociación internacional debe seguir y la presión ciudadana también. La acción política no puede pararse por la presencia de estos nefastos personajes. Nada debe impedir los avances en la Cumbre de Katowize porque ya no hay tiempo para mas retrasos.

 

(Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia)

COP24: Malos tiempos para el clima

El proceso internacional de negociaciones contra el cambio climático llega a una nueva reunión clave, en momentos políticamente muy complicados. Comienza en Katowice (Polonia) la Cumbre del Clima (COP24) cuando corren malos tiempos para la lucha contra el cambio climático. Al triunfo del negacionista Donald Trump en Estados Unidos hace dos años, se suma ahora el de Bolsonaro en Brasil. Si Trump decía que el cambio climático era un invento de los chinos para debilitar a la industria americana, Bolsonaro afirma que es un invento marxista. El negacionismo político se extiende, y ha llegado hasta nuestro país, de la mano de Vox, este pasado domingo. El caso de Bolsonaro es dramático, porque amenaza con destruir la selva amazónica, el pulmón del Planeta.

La reunión de Katowice comienza pocas semanas después de que los científicos de Naciones Unidas hayan advertido de la urgencia de acelerar las medidas para luchar contra el cambio climático: hace falta más ambición y mayor urgencia para alcanzar una reducción del 45% de las emisiones globales en el año 2030, si quiere evitarse un aumento de las temperaturas medias por encima de 1,5 ºC, que derivaría en un cambio climático catastrófico.

“En 2018 se batirá en récord de emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera”.

Sin embargo los datos son desoladores: nuevamente en 2018 se batirá el récord de emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Aunque se toman medidas, cada año sigue aumentando la emisión global. Como consecuencia de ello,la concentración de CO2 en la atmósfera no deja de aumentar año tras año. La paradoja es que la reunión que debe impulsar el cambio hacia un modelo energético limpio, se produzca en el país europeo mas dependiente del carbón: Polonia.

La Cumbre de Katowice debe finalizar el reglamento que ponga en marcha los Acuerdos de París firmados en el año 2015. Sin embargo, el cumplimiento de los compromisos acordados en París no conseguiría evitar un aumento de temperatura catastrófico. Por lo tanto, es imprescindible mayor ambición por parte de los países participantes. Si no hay mayores compromisos, nos enfrentamos a subidas de la temperatura media superiores a 3 ºC.

“Los países  ricos son los que han contaminado más”.

Otro aspecto que será complejo es el de la financiación. Los países ricos son los que han contaminado más, y por tanto su aportación es imprescindible para financiar el cambio en los países en vías de desarrollo. La financiación es siempre un escollo en las Cumbres del Clima.

En lo que respecta a España, el cambio de Gobierno ha supuesto también un cambio en la línea política de nuestro país, ahora alineado con los países que reclaman más compromiso. Sin embargo, seguimos en casa pendientes de la presentación en el Congreso de una ley de cambio climático ambiciosa, que establezca un marco jurídico sólido para avanzar en la lucha contra el cambio climático. De momento, también en España la emisiones aumentan año tras año.

En definitiva, Katowice vuelve a ser un encuentro decisivo, porque definirá si hay voluntad internacional para ir más allá de los Acuerdos de París; si realmente podemos ser optimista de cara a 2030 y confiar o no en una reducción ambiciosa de las emisiones. Esperemos que las negociaciones no descarrilen por el nuevo ambiente político, tan hostil a la lucha contra el cambio climático.

 

(Artículo publicado en lamiradacomun.es)

Estamos perdiendo la batalla para salvar el clima (y nuestra supervivencia)

La retórica ya no sirve contra el cambio climático.  La filtración del borrador del informe que el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) está preparando y que será clave en las negociaciones de la próxima cumbre del clima COP24, ha puesto en evidencia que estamos perdiendo la batalla global para salvar el clima.

Quizá a más de uno le sorprenderán o le aterrarán – o quizás las dos cosas- algunas de las afirmaciones que se recogen en el informe, como que  “limitar el calentamiento global a 1,5ºC (en 2100) requerirá una rápida y profunda reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)” o que alcanzar los 2ºC conlleva un importante aumento en la intensidad de las consecuencias del cambio climático. Pero en cualquier caso, entenderá que la cosa no pinta demasiado bien: incluso cumpliendo los actuales compromisos del Acuerdo de París el problema no desaparecerá.

Ya es imposible seguir mirando a otro lado o echar balones fuera. Algunos lo venimos diciendo hace tiempo: hay que ser mucho más ambiciosos, y de manera muy urgente. El informe es contundente y pone negro sobre blanco la imposibilidad de dilatar más la toma de medidas efectivas, ya que si continuamos con las políticas actuales será imposible reducir las emisiones a tiempo para no superar los 1,5ºC o incluso los 2ºC. De hecho, el borrador del informe ya considera que no nos encontramos en disposición de alcanzar ciertos horizontes: “Incluso con la mitigación de emisiones de CO2 más restrictiva considerada en un escenario de 1,5ºC, si el resto de las emisiones de los elementos responsables del cambio climático no se reducen significativamente, existe una probabilidad mayor del 66% de que la temperatura global supere los 1,5ºC”.

Conseguir el objetivo requiere un compromiso político mucho más consistente para forzar una descarbonización de la economía a pasos agigantados. No sé qué pensará el ministro Nadal cuando lea que, para no sobrepasar los 1,5ºC un tercio de la energía deberá ser renovable en 2030; o que debe dejarse de usar el carbón de manera urgente. Lamentablemente, estoy seguro, de que seguirá con sus planes de defensa de las energías sucias, a costa de las renovables.

Sin embargo, el coste de esta desastrosa política es algo que no nos podemos permitir porque ya estamos a punto de cruzar el límite. Si el escenario del 1,5ºC limita – que no evita- los impactos del cambio climático, subir medio grado más implica efectos desastrosos: aumenta el riesgo de inundaciones, sequías, escasez de agua e intensas tormentas tropicales. Las consecuencias subsiguientes son, entre otras, la reducción de cultivos, extinción de especies, el aumento del hambre, la migración y el conflicto.

Pero el cambio no sucederá por casualidad. Tal como advierten en el borrador del informe el cambio necesario “no tiene precedentes históricos documentados”, sino que “requieren más planificación, coordinación e innovación disruptiva entre los actores y las escalas de gobierno que los cambios espontáneos o coincidentes observados en el pasado”.

Esto se hunde mientras los principales actores políticos tocan el violín en la cubierta. En España el Gobierno parece no tener ninguna prisa por tomar medidas, y evita llevar adelante una ley ambiciosa contra el cambio climático. Menos mal, que en algunas Comunidades ya han tomado nota, la última Baleares que han presentado esta semana una ley de Cambio Climático pionera. Perdemos la cuenta de los meses que han pasado desde que la ministra Tejerina anunció el proceso para presentar un borrador de Ley. La irresponsabilidad de este Gobierno no parece tener límite, pero las emisiones de CO2 sí. Si creen que estoy exagerando, lean el borrador si pueden; a mí me ha dejado la piel de gallina.

(Artículo publicado en eldiario.es)

Luces y sombras de los veinte años del Protocolo de Kioto

El 11 de diciembre de 1997 se adoptó, en la ciudad japonesa de Kioto, el primer Acuerdo internacional que buscaba de manera efectiva la reducción de gases de efecto invernadero: el Protocolo de Kioto. Se cumplen, por tanto, veinte años de la adopción de tan importante acuerdo, y es necesario repasar sus luces y sus sombras en un momento en que los impactos del cambio climático se hacen cada vez más visibles.

Aunque se firmó en 1997, Kioto no entraría en vigor hasta 2005, por la resistencia de algunos de los países obligados a reducir sus emisiones. En concreto, hasta que Rusia no lo ratificó, el Protocolo no pudo entrar en vigor. Fue notable el daño al acuerdo que supuso la bajada del proceso de Estados Unidos, quien, bajo la administración Bush, decidió rechazar la ratificación del mismo. El esfuerzo para que ese acuerdo global saliera adelante fue fundamentalmente de la Unión Europea, que lideró en solitario unas negociaciones complejas y llenas de obstáculos impuestos, principalmente, por otros países “desarrollados” como los Estados Unidos y Rusia. Sin Europa no hubiera habido Protocolo de Kioto, aunque bien es cierto que ese liderazgo global europeo ha ido perdiendo fuelle, y se perdió de forma definitiva en 2009, en la Cumbre de Copenhague.

El Protocolo de Kioto es un acuerdo muy complejo; afecta a seis gases de efecto invernadero: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (NO2), y tres gases fluorados. El acuerdo se marcó como objetivo una reducción del 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados con respecto a las emisiones de 1990, aquellos países incluidos en el Anexo I. Quizás su debilidad más importante sea haber dejado fuera de cualquier obligación de reducción a los países en desarrollo. Esa ausencia de obligación países como China o la India, ha hecho que, pese al esfuerzo realizado desde 2005, sin embargo las emisiones globales no hayan dejado de crecer.

A pesar de esta debilidad, Kioto tiene el enorme valor de haber demostrado con hechos y datos que la reducción de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero es posible, y de haber mostrado al mundo la ruta de la descarbonización de la economía. Es por ello destacable su valor, ya que estableció también la arquitectura de lo que sería posteriormente el Acuerdo de París. De hecho, París es notablemente más débil que Kioto, aunque su principal diferencia es que incluye a los países en vías de desarrollo, que no estuvieron incluidos en el Protocolo de Kioto.

Una característica relevante de aquel acuerdo es que los compromisos fueron “vinculantes”, es decir, obligaban a los países firmantes a cumplirlos. No todos los países debían reducir sus emisiones en la misma cantidad. El éxito de Kioto fue notable, ya que consiguió en su primera fase una reducción del 22,6%. Es en el establecimiento de objetivos y obligaciones concretas donde Kioto ha obtenido su mayor éxito, al haber conseguido de manera efectiva una notable reducción de emisiones en los países firmantes.

Otros aspectos del Protocolo de Kioto han sido más polémicos. En concreto, la introducción de mecanismos de mercado para el comercio de CO2 es su medida más discutida. Algunos países como España, que no cumplieron con los objetivos de reducción, pudieron paliar su incumplimiento comprando derechos de emisión a terceros países. Con el establecimiento del mercado de CO2 se facilitó un agujero de salida con el que algunos países justificaron su incumplimiento. De hecho se concedieron unos derechos de emisión tan altos que dejaron el precio de CO2 por los suelos, lo cual facilitó esa vía de escape barata a los incumplidores. Otra herramienta polémica de Kioto fueron los Mecanismos de Desarrollo Limpio. Se trata de subvenciones de los países industrializados a proyectos concretos en terceros países, cuya característica debía ser que ayudaran a la reducción de emisiones. Aunque la idea era buena, ya que buscaban incentivar la ayuda al desarrollo en términos de sostenibilidad, el resultado final no ha estado exento de polémica: diversas investigaciones mostraron que muchos de esos proyectos eran tapaderas para cuestiones no necesariamente positivas en materia climática o ecológica, como plantaciones de especies de crecimiento rápido o proyectos hidroeléctricos de gran impacto ambiental.

A día de hoy nos vemos en la obligación de acelerar las acciones contra el cambio climático. El Protocolo de Kioto nos muestra algunas de las fórmulas que han funcionado bien, y también algunos caminos que no deben volver a seguirse. Su mayor éxito, sin duda, la superación de los objetivos de reducción planteados, desde el 5% hasta el 22,6%, lo cual es más que notable. Ello se ha debido en gran parte a que esos objetivos han sido vinculantes, cosa que no ocurre con el Acuerdo de París. La lentitud con que se desarrolló Kioto no puede repetirse ahora. No tenemos tiempo. Es urgente comenzar el proceso global de reducción de emisiones. Esperemos que el camino recorrido con Kioto sirva para aprender las lecciones de lo que se hizo bien, y evitar los errores. La urgencia climática es acuciante y ya, ahora, es el momento de acelerar el proceso de descarbonización de la economía.