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El blog de Juantxo López de Uralde

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Después del coronavirus: cambiar para vivir

Como las olas que observamos romper desde la playa, la segunda, la que viene detrás, es mucho mayor que la que ahora está rompiendo. Tras la ola del coronavirus acecha una nueva crisis de dimensiones aún mayores y cuyas consecuencias serán mucho más graves en todos los sentidos: hablamos del cambio climático. Debemos extraer numerosas lecciones de la difícil situación que vivimos, pensando en el futuro y a la vista de lo que se nos viene encima. Y, ciertamente, frente a la crisis climática, nadie podrá excusarse diciendo que no se conocían cuáles iban a ser las consecuencias, ya que pocos fenómenos han sido descritos con tanta precisión por la comunidad científica. Si lo que estamos viviendo con el coronavirus es devastador, que al menos nos sirva la experiencia para prevenir la tragedia climática.

Una diferencia clave de la situación del clima con respecto a la pandemia que vivimos con el coronavirus es que con aquélla hay una gran unanimidad entre los científicos sobre la necesidad de actuar con extrema urgencia. Quizás el coronavirus no avisó con suficiente claridad de sus graves impactos hasta que no lo tuvimos encima, pero no es el caso del cambio climático.

Me llama la atención que, durante la actual emergencia sanitaria, haya quien se haya referido en tono de burla a Greta Thunberg, como si ya se hubiera pasado la urgencia climática. Nada más lejos de la realidad, aunque ciertamente el parón económico está suponiendo también un respiro para el medio ambiente. No hay que confiarse: todos los expertos coinciden en que crisis como la actual son dañinas en el largo plazo para el medio ambiente porque si no aprendemos las duras lecciones, todo puede volver a ser igual.

Que las cosas vuelvan a ser como eran es, quizás, lo que mucha gente está esperando, y es deseable en el sentido del empleo, del contacto humano y de recuperar la libertad de movimientos. Pero creo que tenemos que ir más allá y trabajar para que las cosas sean mejor de lo que fueron, y para ello debemos extraer algunas lecciones de la situación actual.

Quizás la lección más relevante aprendida durante la crisis del coronavirus ha sido la recuperación del valor de lo público, de lo común. Después de décadas de abandono y deterioro de los servicios públicos, por una ola neoliberal que parecía no tener fin, la sociedad vuelve a valorar lo que significa tener una sanidad pública y universal cuyos trabajadores y trabajadoras se han convertido en los héroes de esta crisis. Este hecho debe tener consecuencias políticas en el futuro, en el sentido de que se vuelvan a poner en valor los servicios públicos.

En medio de tanto sufrimiento también hemos recuperado el sentido de comunidad, de hacer cosas para apoyar nuestros vecinos, especialmente aquellos que lo necesitan más. Hemos opuesto calidad humana ante un modelo incapaz de resolver nuestras necesidades más básicas.

Muchos científicos nos están alertando de que la destrucción de ecosistemas, especialmente forestales, y el comercio con animales salvajes están detrás de esta pandemia, y de las sucesivas que vendrán. Hay más motivos para mirar de forma positiva a nuestro medio ambiente, y luchar por preservarlo con mucho mayor énfasis.

Llama la atención la rápida bajada que se ha producido en los índices de contaminación de los países y ciudades más afectados por la pandemia. Es evidente que ello se ha producido a un alto coste económico y social, pero también es muestra de que puede hacerse, y en un plazo muy corto. Tendremos, por tanto, que analizar en profundidad si hay medidas de las que se han tomado que pueden alargarse en el tiempo e incluso mantenerse. Es el caso del teletrabajo, una práctica que, marginal en nuestro país, podría generalizarse, así como las reuniones ‘on line’, que reducirían enormemente la necesidad de viajes.

Otra lección que debemos extraer es la importancia de la producción de cercanía. Quizás hemos empezado a redescubrir que no todo puede ser producido en China, y que necesitamos producir bienes y alimentos aquí. Los productos de ‘kilómetro cero’ han cobrado una importancia manifiesta en tiempos de fronteras cerradas.

Éste es sólo un breve y rápido repaso a cosas que han cambiado en muy pocos días. El tiempo nos irá mostrando nuevas lecciones de los cambios que estamos viviendo en estos días. Ahora necesitamos ser conscientes de que el día después no podremos ignorar todas estas lecciones, porque tenemos delante otra crisis aún mayor a la que hacer frente, y estamos recuperando algunas herramientas que nos van a ser muy útiles. Por eso es mucho lo que debe cambiar: mantengamos lo bueno que tenemos, pero aprovechemos lo que hemos aprendido.

Aprovechemos las lecciones aprendidas con la primera ola y realicemos los cambios urgentes que nos hagan fuertes para prevenir la siguiente crisis: la climática. Que no se diga que no nos avisaron de lo que vendrá.

[Artículo publicado en El Siglo de Europa]

Coronavirus y crisis climática

La crisis sanitaria que estamos viviendo, nos deja muchas lecciones, y sobre todo, una evidencia: que existe una vinculación entre la destrucción de entornos naturales y la aparición de nuevas enfermedades.

Durante estos primeros días de confinamiento, hemos hablado de ello en la sección de ecología de La Cafetera, de Radiocable, donde hemos dedicado los dos últimos programas a abordar todas las cuestiones ambientales en torno al COVID-19, desde su origen a sus consecuencias, así como a la crisis ecológica y climática, y la escasez de agua, un bien que se ha convertido en fundamental para hacer frente a la propagación del virus.

Puedes escuchar las entrevistas completas, aquí.

Repensar nuestro litoral

El paso de la borrasca ‘Gloria’ por el Mediterráneo español ha dejado un rastro de destrucción en las costas que está generando un intenso debate sobre qué hacer ante esta nueva realidad ambiental en la que estamos ya inmersos. Es cierto que situaciones meteorológicas extremas se viven con frecuencia en nuestro Mediterráneo, pero no lo es menos que cada vez se repiten con más asiduidad e intensidad. En esta temporada llevamos ya siete eventos extremos, superando con mucho la media de años anteriores.

Las evidencias apuntan con fuerza a que estamos en un nuevo escenario debido a la crisis climática, una nueva “normalidad” ante la que hay que prepararse. Lo que hemos vivido con ‘Gloria’ volverá a ocurrir, y cada vez con mayor fuerza.

El Colegio Oficial de Geólogos ha sido quien ha abierto un debate necesario: han propuesto “deconstruir” infraestructuras en tramos enteros de litoral para evitar que se los lleve el mar, y también para recuperar barreras naturales que son los elementos más eficaces contra la erosión costera.

Aunque en España este debate es relativamente nuevo, en otros países ya se está actuando en este sentido ante la subida del nivel del mar. En la actualidad el mar está subiendo 33 mm. al año, y la tendencia es a que esa subida sea cada vez mayor. En Francia, por ejemplo, a través de una simulación, se han identificado los edificios que quedarán anegados en la próxima década por esa subida, para proceder a su demolición.

El caso de España es más complejo, ya que nuestro litoral está saturado de construcciones en primera línea de playa. Acometer esta tarea no será fácil, pero hay que abordarla cuanto antes. No tiene sentido seguir gastando ingentes cantidades de dinero público en recuperar infraestructuras que una y otra vez se ven anegadas por el mar. Tampoco la solución puede pasar por regenerar playas una y otra vez, para que acaben comidas por el mar en unas semanas.

Las herramientas naturales pueden ser mucho más eficaces. Así, se ha visto que las playas que mantienen las estructuras dunares son mucho más resistentes a la erosión. Sin duda, recuperar las dunas parece un camino correcto.

Lo cierto, insisto, es que nos encontramos en una nueva realidad, y las cosas en el litoral ya nunca van a ser como hasta ahora. Podemos esconder la cabeza y pretender que nada está pasando, o mirar al problema de frente y abordarlo. Creo que, por difícil que sea el tema, hay que hacerlo cuanto antes.

[Artículo publicado en El Siglo de Europa]

2019: El año de la revolución climática

Ya no hay vuelta atrás. El año que cerramos se ha convertido en el de la revolución climática. Cuando en agosto de 2018 una adolescente sueca se plantó ante el parlamento en lugar de ir a la escuela, no imaginábamos que aquello se convertiría en una gran revolución, la de los jóvenes de todo el mundo que, siguiendo el ejemplo de Greta Thunberg, comenzaron a movilizarse cada viernes exigiendo medidas radicales y acción urgente a los políticos contra el cambio climático. Con mensajes muy sencillos, pero muy claros… y, sobre todo, contundentes: «Quiero que entren en pánico, como si su casa estuviera en llamas», “Sin planeta, no hay futuro”, “No somos defensores de la naturaleza, somos la naturaleza defendiéndose”.

Este año 2019 ha estado marcado por la incertidumbre política, con muchas citas electorales (entre ellas, una repetición de las elecciones generales) y es difícil hacer un balance de una actividad parlamentaria que, por desgracia, ha sido poco fructífera.  

Sin embargo, hemos conseguido algunas cosas importantes. La más significativa, en una legislatura tan breve, ha sido la aprobación de la declaración de emergencia climática por parte de la mayoría absoluta del Congreso, a iniciativa de Unidas Podemos. Aunque el fin de la legislatura no permitió llegar a más, su aprobación compromete a toda la acción del Gobierno (de todos los gobiernos) a poner en marcha todas las políticas necesarias para hacer frente al cambio climático.

 

También hemos estado en la calle, acompañando a todos esos jóvenes que se han organizado en un movimiento ilusionante que se ha convertido en una nueva esperanza en la lucha contra el cambio climático.

 

Precisamente, esa brecha entre una sociedad civil altamente concienciada y que exige medidas urgentes, y unos gobiernos rehenes de las grandes corporaciones, se hizo patente en la COP25 que se celebró en Madrid. Una oportunidad perdida, debido a la falta de ambición de los países más contaminantes y donde los gobiernos han demostrado estado ajenos al clamor de la calle y de la gente que reclama medidas urgentes para salvar el clima.

 

 

 

 

Si algo dejó claro la nueva campaña electoral, fue, precisamente, esa concienciación ecologista, ya que la “disputa” por el voto verde quedó en evidencia de manera muy clara en los últimos meses. Desde Unidas Podemos dejamos muy claro que “el ecologismo no se dije, el ecologismo se hace”, y por eso no sólo nuestro programa recogía propuestas para un Horizonte Verde, sino que toda nuestra acción política es un compromiso para llevar a cabo la transformación que nuestro país necesita para luchar de manera efectiva contra el cambio climático. 

* (Como mi actividad es pública, y como nuestro compromiso de rendir cuentas es una realidad, puedes echar un ojo al resumen de mi agenda de campaña y el seguimiento de medios, que presentamos tras las elecciones a los compañeros de Elkarrekin Podemos en Álava). 

Ayer todo esto quedó plasmado en un acuerdo de gobierno entre Unidas Podemos y el PSOE, cuyo punto tercero está dedicado a la lucha contra el cambio climático. Este año no ha sido fácil, pero en Unidas Podemos siempre tuvimos claro que las cosas importantes no se consiguen a la primera. Ahora, vamos a seguir trabajando para impulsar medidas valientes para un país más justo, feminista y ecologista.

 

Recuerda que tenemos muchos espacios de encuentro para la reflexión y el activismo: la sección de ecología en La Cafetera, el espacio verde de Público, «Ecologismo de Emergencia», esta web o, como siempre, las redes (¿aún no sigues mi canal de telegram?).  Comparte, haz llegar a más gente todas estas actividades y reflexiones, porque unidas, podemos llegar más lejos. ¡¡Feliz 2020!!

 

Firmamos un nuevo acuerdo para España

Hoy es un día histórico tras la firma del acuerdo de Gobierno entre Unidas Podemos y PSOE para formar un Gobierno de coalición progresista que mejore la vida de las españolas y los españoles.

 

 

En concreto, el punto 3 está dedicado a la lucha contra el cambio climático, y a abordar una transición energética justa que por fin haga frente al reto más importante que tenemos por delante.

Aquí tienes el documento completo con todas las medidas que trabajaremos para poner en marcha poniendo siempre la vida en el centro, y respetando el cuidado de nuestro planeta, asegurando un futuro (y un presente) sostenible.

COALICION PROGRESISTA_Un nuevo acuerdo para España

Y aquí puedes ver la presentación del acuerdo entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

COP25: Por qué estamos perdiendo la guerra contra el cambio climático

El movimiento ecologista ha ganado batallas ambientales importantes en las últimas décadas, sin embargo la batalla climática la estamos perdiendo. De cara a esta nueva COP (Conferencia de las Partes del Convenio Climático) que se celebra en Madrid, conviene reflexionar sobre los motivos que hacen que la crisis ecológica global lejos de atenuarse, sea cada vez más intensa. Esta misma semana hemos conocido los últimos datos de concentración de carbono en la atmósfera: nuevamente se ha batido el récord y alcanzan ya las 407 ppms. El último dato de evolución de las emisiones globales certificó que en 2018 habían aumentado un 2,7%.

Si no acertamos en el diagnóstico, y no encontramos las razones reales de ese fracaso, estamos abocados a que la situación continúe agravándose. La comunidad científica nos da una década para actuar: si en 2030 no hemos reducido las emisiones en un 50% ya no podremos detener un cambio climático catastrófico.

Lo cierto es que ya en el año 1992, los jefes de estado y de gobierno de todo el mundo, conscientes de la gravedad del cambio climático, decidieron que había que ponerle freno y establecieron la necesidad de elaborar un Convenio Marco, bajo el que ahora se van celebrando las sucesivas COPs. Han pasado nada menos que 27 años, y las emisiones continúan subiendo. ¿Qué está fallando? Incluso los compromisos a los que se ha legado de la mano del Acuerdo de París se consideran insuficientes ya que, aun en caso de cumplirse, no evitarían un aumento de más de 3 grados.

El diagnóstico no es fácil pero hay algunos hechos que podemos destacar sin temor a equivocarnos que explican al menos en parte la dificultad de avanzar:

  • El papel entorpecedor de las corporaciones energéticas. Últimamente hemos conocido que informes internos de la industria de carbón y de petróleo advertían desde hace tiempo de la incidencia de las emisiones de carbono sobre el clima. Sin embargo estas informaciones fueron ocultadas, y la industria de los combustibles fósiles ha entorpecido desde hace años las iniciativas legislativas que tendían a impulsar las energías renovables o frenar a los combustibles fósiles. El lobby ha sido ( y sigue siendo) muy importante y ha tenido una eficacia constatable según hemos explicado.

 

  • La financiación pública de los combustibles fósiles. A pesar de ser conocidos sus efectos ambientales, los combustibles fósiles han seguido recibiendo cuantiosas subvenciones públicas, lo cual ha garantizado la continuidad de las inversiones en explotaciones y plantas energéticas fósiles.

 

  • La escasa voluntad política de los Gobiernos. Desgraciadamente en esta fase decisiva de la lucha contra el cambio climático nos encontramos con gobiernos débiles o directamente asimilados por las corporaciones. Basta ver la complicidad de personajes como Trump o Bolsonaro con la industria sucia para entender la magnitud del problema. Pero no son sólo ellos; desgraciadamente en las últimas décadas el poder corporativo ha ido en aumento en detrimento de los gobiernos, lo cual hace que la tarea sea cada vez más desigual. Para ser eficaces contra el cambio climático necesitamos gobiernos fuertes y valientes, capaces de plantar cara a las corporaciones y poner por delante del interés privado el interés común de defender la Tierra.

 

  • El negacionismo financiado por corporaciones. Durante demasiado tiempo el negacionismo ha sido financiado con fondos provenientes de a industria. El objetivo era sencillo: crear confusión y dudas en la ciudadanía y los gobiernos que frenarán la voluntad de actuar. En cierta medida ha sido efectivo, y al negacionismo científico ha sucedido ahora el negacionismo político oportunista que representan opciones populistas de extrema derecha.

 

Estos factores continúan lastrando el éxito de la lucha contra el cambio climático y seguirán presentes en esta COP25. Es importante ser conscientes de la magnitud del reto que tenemos por delante y del tamaño y el poder de los adversarios. Muchas veces de forma ingenua se lanzan mensajes que rebajan el problema del cambio climático a una cuestión de actitudes personales. No es cierto. Si bien es necesario que cambiemos en muchos aspectos nuestro modo de vida, es imprescindible abordar la crisis sistémica que impulsa y acelera el cambio climático. En este sentido es imprescindible la lucha colectiva y la movilización social. Todavía estamos a tiempo y hay esperanza, pero aprendamos de los errores para ser eficaces en las luchas que tenemos por delante.

[Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia]

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