Comenzaré esta entrada diciendo que no tengo coche.  Para moverme en la ciudad utilizo habitualmente el transporte público, y si necesito en coche para un trayecto o una actividad, lo pido prestado. En algunos casos, si tengo necesidad, lo alquilo. Eso es lo que hice hace hace unos días cuando visité la zona afectada por el proyecto de embalse de Barrón (Álava).  Una persona que viajaba conmigo grabó un vídeo que subió en redes, en el que explicaba algunas características de la presa y que ha sido utilizado para ir creando una historia falsa sobre mí sobre las características del vehículo que era de la marca Mercedes.

La cuestión interesa sólo desde el punto de vista de explorar como se construye una historia falsa para desprestigiar a una persona. El caso es que sin ninguna base real, el coche alquilado  se convirtió en las redes falsamente en uno de alta gama, y lo publicaron  con una estudiada  ambigüedad sobre su propiedad (aunque es fácil comprobar que no tengo vehículo de mi propiedad):

Resulta que el coche alquilado no era ese modelo, sino uno notablemente inferior. Por supuesto esas fotos no corresponden con el vehículo, pero eso no importa para la construcción de la difamación, porque lo que interesa a los que promueven la historia es hacer ver dos cosas: que el coche es de alta gama, y que es de mi propiedad. En realidad ninguna de las dos cosas es cierta, pero inmediatamente empezó el ataque en las redes en ese sentido:

Y así numerosos tuits en la misma línea («rojo tiene coche caro y contaminante»).

Una vez fijada la historia, ya daba igual. El caso es que ya está construida la mentira. Una mentira que tiene como único objeto construir un relato en que pueda perjudicar a la persona afectada. No importa que la verdad fuera bien distinta: ni el coche era de alta gama, ni era de mi propiedad. Pero una vez difundido, ahí queda, haciendo bueno el refrán de «calumnia que algo queda».