El paso de la borrasca ‘Gloria’ por el Mediterráneo español ha dejado un rastro de destrucción en las costas que está generando un intenso debate sobre qué hacer ante esta nueva realidad ambiental en la que estamos ya inmersos. Es cierto que situaciones meteorológicas extremas se viven con frecuencia en nuestro Mediterráneo, pero no lo es menos que cada vez se repiten con más asiduidad e intensidad. En esta temporada llevamos ya siete eventos extremos, superando con mucho la media de años anteriores.

Las evidencias apuntan con fuerza a que estamos en un nuevo escenario debido a la crisis climática, una nueva “normalidad” ante la que hay que prepararse. Lo que hemos vivido con ‘Gloria’ volverá a ocurrir, y cada vez con mayor fuerza.

El Colegio Oficial de Geólogos ha sido quien ha abierto un debate necesario: han propuesto “deconstruir” infraestructuras en tramos enteros de litoral para evitar que se los lleve el mar, y también para recuperar barreras naturales que son los elementos más eficaces contra la erosión costera.

Aunque en España este debate es relativamente nuevo, en otros países ya se está actuando en este sentido ante la subida del nivel del mar. En la actualidad el mar está subiendo 33 mm. al año, y la tendencia es a que esa subida sea cada vez mayor. En Francia, por ejemplo, a través de una simulación, se han identificado los edificios que quedarán anegados en la próxima década por esa subida, para proceder a su demolición.

El caso de España es más complejo, ya que nuestro litoral está saturado de construcciones en primera línea de playa. Acometer esta tarea no será fácil, pero hay que abordarla cuanto antes. No tiene sentido seguir gastando ingentes cantidades de dinero público en recuperar infraestructuras que una y otra vez se ven anegadas por el mar. Tampoco la solución puede pasar por regenerar playas una y otra vez, para que acaben comidas por el mar en unas semanas.

Las herramientas naturales pueden ser mucho más eficaces. Así, se ha visto que las playas que mantienen las estructuras dunares son mucho más resistentes a la erosión. Sin duda, recuperar las dunas parece un camino correcto.

Lo cierto, insisto, es que nos encontramos en una nueva realidad, y las cosas en el litoral ya nunca van a ser como hasta ahora. Podemos esconder la cabeza y pretender que nada está pasando, o mirar al problema de frente y abordarlo. Creo que, por difícil que sea el tema, hay que hacerlo cuanto antes.

[Artículo publicado en El Siglo de Europa]