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El blog de Juantxo López de Uralde

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Dejen vivir al lobo

Cada vez que se da un paso, por mínimo que sea,  para avanzar en la protección del lobo en España, se crea una polémica a todas luces desproporcionada. El lobo es un superdeperador, un animal clave en nuestros ecosistemas a los que aporta múltiples beneficios, en forma de control de otras especies. Es, además, el símbolo de la fauna ibérica, pero el único de nuestros grandes mamíferos que no goza de protección. Por cierto que llama la atención en estos tiempos de envolverse en banderas, que el lobo ibérico (Canis lupus signatus) es una subespecie de lobo endémica de la península ibérica. Sólo existe en nuestros campos y montes, y eso nos impone la responsabilidad de su conservación.

Para poner los hechos en su justa medida conviene recordar que el lobo no ha matado, ni herido, ni siquiera atacado a ninguna persona en España en décadas. Quizás en siglos. No puede decirse o mismo de otras actividades, cuyos responsables tanto claman contra el lobo: solamente la caza “deportiva”, por ejemplo, causó un total de al menos 51 muertos y 605 heridos en 2020 (no lo olvidemos, el año del confinamiento).  ¿Han visto ustedes alguna polémica sobre los muertos en accidentes de caza en los medios de comunicación? Quizás hay que empezar a dimensionar los problemas en su justa medida, y el del lobo está muy, muy exagerado.

Con esto no estoy diciendo que el lobo no cause daños, que los causa. Sin duda es necesario hacer un diagnóstico correcto de los mismos, y buscar la mejor forma de solucionarlos. Y ello pasa por que las ayudas públicas vayan destinadas a apoyar esa convivencia entre el lobo y la ganadería extensiva, que cada vez más ganaderos defienden.

Pero los problemas más graves de la ganadería extensiva son otros, y están ocurriendo sin polémica. Sin duda el más grave es el precios de los animales, muy afectados la importación desde otros países. Mientras hablamos del lobo, nadie se refiere por ejemplo al Tratado UEMercosur, cuyo impacto puede ser grave en este sentido. O de las macrogranjas de ganadería intensiva que se extienden cada vez más imponiendo un modelo que acaba con las pequeñas ganaderías de ganado extensivo.

Nuestro país debería ser capaz de pagar las indemnizaciones por daños del lobo con rapidez (por cierto, competencia de las Comunidades Autónomas); de apoyar económicamente la presencia de mastines en las ganaderías y otras medidas de apoyo a los ganaderos contra el lobo. Es un precio mínimo a pagar por el mantenimiento de una especie. Es cuestión solo de voluntad política porque hablamos de cantidades pequeñas.

Por aclarar algunas cuestiones respecto a la polémica en torno a la inclusión del lobo en el Listado de Especies de Protección Especial (LESPE), conviene en primer lugar recordar que es consecuencia de un dictamen científico, y no una decisión arbitraria de administración alguna.

En contra de lo que se dice, la situación de la conservación del lobo en España es desfavorable. Su desaparición de Andalucía y Extremadura en los últimos años es un asunto silenciado, pero gravísimo para su futuro. Por otro lado la persecución del animal en el País vasco y la Rioja impide su expansión por aquellos territorios, lo cual limita esa repetida expansión ala que se produjo al sur del Duero hace ya bastantes años.

En todo caso es necesario poner al día la Estrategia Nacional del lobo, y también contra con censos más precisos que los actuales ya que el margen de discusión sobre las cifras de población es demasiado amplio. Y en ello también va la inclusión en el LESPE.

Nuestro país debe ser capaz de proteger a una especie emblemática, y avanzamos en ese camino por más que haya algunos interesados en que no ocurra. Dejen de una vez vivir al lobo, que ganamos todos con ello.

 

[Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia]

 

 

Un indulto para el lobo

Lobo ibérico adulto en la Sierra de la Culebra (Zamora), fotografiado una fría mañana de invierno por Andoni Canela.

Hace unas semanas leí el libro Encuentros con lobos (ed. Tundra), una recopilación de relatos en la que distintos naturalistas narran sus experiencias en la búsqueda de lobos en el campo. Muchas de las historias son interesantes y hasta emotivas; sin embargo, el denominador más común es que, de una u otra manera, el lobo avistado o encontrado acaba muerto por la acción humana; en algunos relatos se constata, y en otros se intuye, que los lobos que los protagonizan son víctimas del hombre. De hecho la preocupación común de todos los naturalistas es evitar dar cualquier pista que pueda facilitar la ubicación de los grupos de los lobos con los que tuvieron encuentros, para no facilitar su liquidación.

Creo que es una buena metáfora de la situación del lobo en España, donde es acosado y perseguido en todo el territorio, esa es su triste realidad. Aunque es verdad que su situación legal es mejor al sur del Duero que al norte, ya que está legalmente protegido, lo cierto es que la Junta de Castilla y León está permitiendo que se cacen 149 lobos cada año, y eso sin contar con los que se están cazando de forma furtiva.

A falta de censos oficiales y fiables, es muy difícil dar el número de lobos que viven ahora mismo en España. Este mismo hecho ya debería ser suficiente para cuestionar la llamada “gestión del lobo” que se está realizando actualmente en diversas Comunidades Autónomas. Lo que es evidente es que no menos de 200 lobos son cazados anualmente en España, una cifra que puede incluso superar el 10% de la población existente. Ninguna especie con una presión tan grande puede considerarse a salvo de la extinción, y la presión humana sobre el lobo sigue siendo demasiado grande.

A pesar de la ausencia de datos, el argumento principal que se utiliza para justificar la muerte de lobos es que su presencia ha aumentado en algunos territorios de los que había desparecido, como es el caso de algunas provincias al sur del Duero como Ávila, Segovia o Madrid. Se olvida, sin embargo, que hace sólo unos años el lobo campaba por las dehesas de Extremadura o Sierra Morena, y hoy ha desaparecido totalmente de esos territorios. La mancha de lobo ibérico que quedaba en el sur peninsular se considera extinta.

La aparición esporádica de individuos en algunas Comunidades limítrofes a las zonas de población lobera tampoco permite albergar demasiadas esperanzas, mientras los casos acaben con el sacrificio del animal como por desgracia viene ocurriendo. Incluso la reciente presión de los sindicatos ganaderos en Aragón para acabar con un lobo que ha aparecido por allí es desorbitada.

El lobo es un símbolo de la fauna ibérica, nuestro mayor carnívoro. Su papel en el ecosistema es fundamental para recuperar el equilibrio perdido, pero no tiene ninguna opción de salir adelante si no goza de mayor protección de la que tiene actualmente.

Desde hace años, organizaciones ecologistas vienen desarrollando un intenso trabajo con ganaderos que quieren convivir con el lobo, y como consecuencia de ese trabajo se están derivando medidas y propuestas concretas que facilitan esa convivencia, y que es necesario poner en marcha cuanto antes. Es imprescindible garantizar la protección legal del lobo en todo el territorio español. Eso es lo que el Congreso reclamó hace un año al Gobierno por mayoría, y sin embargo el Ejecutivo no ha aplicado ninguna medida en ese sentido.

El lobo necesita protección, necesita nuestro indulto y puede conseguirsePor eso el próximo domingo miles de personas nos juntaremos en la calle para reclamar lobo vivo, lobo protegido; si hemos convivido durante tantos siglos con el lobo, nadie entendería que en el siglo de la revolución tecnológica no seamos capaces de hacerlo. Que no se diga.

(Artículo publicado en El Asombrario)

El lobo sigue amenazado 38 años después de Félix

En uno de sus ya legendarios documentales, llamado “El lobo: el cazador social”, Félix Rodríguez de la Fuente hacía una reflexión sobre el aullido del lobo, cada vez más escaso, y menos escuchado. ¿Por qué aúllan los lobos?, se preguntaba. Cuando se cumplen 38 años de aquel fatídico 14 de marzo de 1980 en que perdió la vida en Alaska, el mejor homenaje al querido Félix pasa por alzar de nuevo la voz en defensa del lobo.

Aquella reflexión servía tanto para los años de El Hombre y la Tierra, con cuyos capítulos tantos niños y niñas de aquellos años aprendimos a conocer y valorar la diversidad de nuestra fauna ibérica, como puede servir hoy, en que el lobo sigue siendo acosado, perseguido y cazado.

– ¿Por qué aúlla el lobo? Decía Félix.

– Quizás para mostrar la profundísima tristeza de una especie que dominó el mundo entero, y que está ya al borde la extinción.

Y es que cuarenta años después de aquellos documentales, lo cierto es que la situación del lobo ibérico sigue estando comprometida en nuestro país. Recordaba en ese mismo documental como el lobo campaba entonces todavía por la andaluza Sierra Morena, las dehesas de Extremadura e incluso en los Montes de Toledo. Sin embargo, a día de hoy el lobo ha desaparecido de esos territorios.

La situación del lobo en España sigue siendo complicada; a pesar de que efectivamente ha vuelto a algunas zonas de las que había desaparecido, no puede ni mucho menos hablarse de una recuperación sólida: todavía hoy ocupa solamente un 25% de lo que fue su territorio original hace 100 años. Y aunque, efectivamente, el lobo ha vuelto a algunas provincias al sur del Duero como Ávila, Segovia o Madrid, que cuentan de nuevo con su presencia tras unas décadas de ausencia, sin embargo el lobo sigue siendo un vecino indeseado: en algunas de esas provincias le han declarado la guerra, y pretenden acabar con él.

En las Comunidades colindantes al actual territorio lobero, el lobo es perseguido con saña cada vez que aparece: es el caso del País Vasco, La Rioja o Aragón, Comunidades en las que el lobo no parece capaz de asentarse debido a la persecución que sufren.

Y todo esto, sin que exista un censo fiable sobre la situación de las poblaciones de lobo en España. Este es el primer problema sobre la actual gestión que se hace del cánido en nuestro país: se hace sin datos sólidos. Según las distintas fuentes, el número de lobos en España podría oscilar en la actualidad entre los 1500 y los 2000 ejemplares. Pero en las Comunidades en las que la población esta asentada se permite cazar a cientos de ejemplares, lo cual expone a su población a un riesgo inasumible. En Castilla y León se permite la caza de 149 individuos al año, y en Asturias este año se ha permitido la caza de 45 ejemplares. Es decir en sólo dos comunidades se mata anualmente el 10% de la población total de lobo. Y eso sin contar con la intensa caza furtiva.

Y es que el lobo sigue sin estar protegido en España. Su situación legal es diferente al norte del Duero, donde es una especie “gestionable” (eufemismo para ocultar “cazable”), y al sur del Duero donde en teoría está protegido. A pesar de la Proposición No de Ley aprobada por el Congreso mayoritariamente para corregir esa situación y que insta al Gobierno a proteger al lobo, no ha movido un solo dedo por su protección.

A pesar del tiempo pasado, y de la importancia del legado de Félix Rodríguez de la Fuente, lo cierto es que la situación del lobo en España camina por la cuerda floja. Por este motivo el próximo domingo 18 de marzo saldremos a la calle en Madrid para reclamar protección del lobo. El lobo lo merece, y ese sería el mejor homenaje a Félix.

(Artículo publicado en El Independiente)