Juantxo.org

El blog de Juantxo López de Uralde

Etiqueta: energía nuclear

“Hay un intento de blanquear la energía nuclear al no generar CO2 pero sí residuos radiactivos que no desaparecen”

El diputado de EQUO Juan López Uralde señaló en La Cafetera de radiocable.com el “intento de blanquear la energía nuclear, porque no genera CO2 pero sí una herencia que no desaparece, los residuos radiactivos”.

Juan López Uralde destacó que “durante décadas, los residuos de la industria nuclear europea se vertían en la fosa atlántica”. “Se desconoce aún la cantidad y su impacto, y aún no hemos sido capaces de darle una solución”- dijo.

“Lo único que hacemos con los residuos nucleares es acumularlos”- apuntó. “La radiactividad, aunque parezca invisible, no desaparece, y en el mar tampoco: no puede seguir usándose como un basurero”- añadió.

Chernóbil, 32 años después

Las alarmas saltaron en el norte de Europa en los últimos días de abril de 1986, cuando se detectaron índices anormalmente altos de radiactividad. La Unión Soviética no había informado de que el 26 de abril el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, había saltado por los aires. Solamente cuando era imposible mantenerlo en secreto, el gobierno de la URSS tuvo que reconocer que había sufrido un grave accidente nuclear. El más grave que se había registrado hasta entonces, aunque no el primero. La memoria de Chernóbil se mantiene viva 32 años después, porque simboliza la cara más negra de la energía nuclear, la del accidente más grave posible.

El accidente de Chernóbil tuvo efectos devastadores. La nube radiactiva se extendió por toda Europa. En un primer momento tuvieron que ser evacuadas más de 120.000 personas de la zona afectada, pero todavía hoy la zona de exclusión de 30 kilómetros continúa deshabitada. En el momento de la explosión se produjeron 31 víctimas mortales, pero la cifra final es mucho mayor, ya que en la limpieza participaron entre 600.000 y 800.000 “liquidadores”, muchos de los cuales murieron sin ningún reconocimiento como victimas.  La cuestión de las víctimas ha sido objeto de un blanqueo para el lavado de imagen de este terrible accidente.

La historia que más me impresionó siempre de Chernóbil es la de los liquidadores. En las primeras semanas la URSS movilizó a decenas de miles de personas cuya función era entrar en la zona del accidente durante unos pocos minutos para echar arena en el reactor. Los primeros días lo hacían desde helicópteros, pero luego subían corriendo al techo del reactor, echaban la arena dentro y volvían corriendo. Se calcula que entre 600.000 y 800.000 personas hicieron ese trabajo. Es imposible cuantificar cuántas de ellas murieron por exposición a la radiactividad, pero sin duda fueron decenas de miles. Por eso no es admisible esos intentos de minimizar el número de víctimas. Debido a ese blanqueo de imagen, los liquidadores nunca han tenido ningún reconocimiento ya que de haberlo tenido habría que haberlos cuantificado como víctimas. Fueron héroes anónimos y silenciados para siempre.

Coincide este 32 aniversario con el anuncio del Gobierno español de alargar la vida de las nucleares hasta los 60 años. Se trata de una propuesta que olvida interesadamente que el riesgo de incidentes en las centrales nucleares aumenta progresivamente a partir del momento en que cumple el tiempo para el que fue diseñada. Las centrales nucleares son viejas, y cada vez tienen mayor número de incidentes. En la última comparecencia del Presidente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en el Congreso, quedó en evidencia el alto número de incidentes que sufren las centrales nucleares españolas. El récord se lo llevaba Cofrentes, con 10 incidentes en 2017, pero ninguna central nuclear se ha visto exenta de incidentes en los últimos años.

En contra de lo que defienden sus defensores, la energía nuclear no es limpia. Las nucleares producen residuos radiactivos con una larga vida y cuya gestión, hasta ahora fundamentalmente almacenamiento, sigue siendo un problema sin resolver. Además, Chernóbil está ahí para recordarnos las consecuencias de un accidente nuclear.  La energía nuclear no es una apuesta peligrosa, y el alargamiento de la vida útil de las centrales supone someter a las personas y al medio ambiente a un riesgo desde mi punto de vista inaceptable.

España cuenta con abundante energía renovable. Tenemos mucho sol y mucho viento, así que no tiene sentido que estemos sometidos al riesgo nuclear, ni a la quema de combustibles fósiles.  Chernóbil nos recuerda que el camino nuclear es un callejón sin salida.

 

(Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia)

Fukushima 7 años después nos recuerda el riesgo nuclear

 

Se cumplen hoy siete años del accidente nuclear de Fukushima, en medio de los intentos infructuosos del Gobierno nipón para tratar de pasar página de la catástrofe. Los altos niveles de radiación en la zona, la incapacidad para controlar la situación y los vertidos radiactivos continuados al mar hacen que la pesadilla continúe.

La idea de que una catástrofe nuclear puede ser ‘limpiada’, y de que los afectados pueden retomar sus vidas con normalidad es un mito. La realidad es muy distinta: estamos ante escenarios de contaminación a muy largo plazo, y con consecuencias directas sobre la salud y el medio ambiente.

El levantamiento parcial el pasado marzo de las órdenes de evacuación de las localidades de Namie e Iitate, situadas entre 10 y 40 kilómetros de la central de Fukushima, se ha acabado convirtiendo en un escándalo. Con ello se pretende dar una imagen de normalización, pero según Greenpeace, la radiación continúa en niveles “muy por encima de los estándares internacionales”. De hecho, de los 27.000 habitantes de Namie e Iitate solo han regresado unos 950, un 3,5%, según datos del propio Gobierno de la prefectura de Fukushima. Cientos de habitantes de la zona se manifestaban ayer mismo protestando contra la medida del Gobierno japonés.

A pesar de los constantes intentos de minimizar su impacto, el efecto del accidente de Fukushima sobre la salud empieza a hacerse visible: el primer efecto esperado es el incremento de cáncer de tiroides en niños y jóvenes a partir del 3º-4º año del escape nuclear. Pues bien, el primer estudio epidemiológico publicado constata esa realidad: se ha encontrado un aumento del cáncer de tiroides en el área de Fukushima entre 2011 y 2014, que ya es 30 veces superior al resto de Japón.

En realidad, el intento de minimizar la imagen de catástrofe de los accidentes nucleares es una constante por parte fundamentalmente de la industria. Quizás el caso más sangrante fue el intento de dejar fuera de las estadísticas de víctimas de Chernóbil a los cientos de miles de “liquidadores” que participaron en los equipos que actuaron en los primeros momentos del accidente, y que se vieron gravemente afectados por la radiación.

Lo que es evidente es que Fukushima nos recuerda cada día que el riesgo nuclear sigue latente. Es necesaria una transición energética hacia un modelo limpio que prescinda de las nucleares y transite hacia la descarbonización. El reto no es fácil, pero es mucho lo que nos jugamos.

(Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia)