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El blog de Juantxo López de Uralde

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La emergencia sanitaria no puede utilizarse para retroceder en la protección ambiental

En plena emergencia sanitaria, algunos gobiernos y actores económicos están intentando aprovechar el ‘shock’ generado para desregular a costa del medio ambiente. Esta es la nota que hemos enviado a los medios de comunicación con nuestra postura al respecto:

Unidas Podemos advierte del peligro de que la crisis del coronavirus se utilice para retroceder en la protección ambiental
  • López de Uralde: “La grave crisis sanitaria que atraviesa el país, que acapara toda la atención política y mediática, no puede ser una cortina de humo que oculte la rebaja, por la puerta de atrás, de la normativa de protección ambiental para beneficio de unos pocos”.

(07/02/2020). Unidas Podemos advierte del peligro de que la crisis sanitaria se utilice para intentar avanzar en la supresión de leyes y de garantías de protección ambiental, y recuerdan que “La destrucción de los bosques y la pérdida de biodiversidad aumentan el riesgo de pandemias, y nos expone a peligros imprevisibles. Nos ha llamado la atención por su gravedad la desregulación ambiental que se ha producido en Andalucía, y que puede traer graves consecuencias ecológicas”.

En este sentido, desde Unidas Podemos urgen a todas las Administraciones a extremar la vigilancia del cumplimiento de la normativa ambiental, y “evitar que este período excepcional suponga un relajamiento en la protección del medio ambiente”. Sólo en Cantabria, ya se han registrado 134 incendios forestales provocados desde que se declaró el estado de alarma en España, 41 este pasado fin de semana.

“Si a pesar del confinamiento generalizado de la inmensa mayoría de la población, estamos asistiendo a comportamientos incívicos, esto demuestra que quienes destruyen la naturaleza no van a dar tregua”, según denuncia el diputado ecologista de Unidas Podemos y presidente de la Comisión de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Juantxo López de Uralde, que reclama, por ello, de todas las Administraciones “responsabilidad y máxima cooperación para no bajar la guardia en el cuidado de nuestros ecosistemas”.

Además de los incendios registrados en Cantabria, desde el Grupo Confederal señalan también que algunas Comunidades Autónomas están haciendo una interpretación “laxa” del Real Decreto por el que se declara el estado de alarma, permitiendo actividades como la caza. Asimismo, señalan como especialmente grave el decreto aprobado por el parlamento andaluz, que desregula numerosas garantías medioambientales, aprobado por PP, VOX y Ciudadanos aprovechando el estado de alarma, y que ha sido denunciado por las organizaciones ecologistas.

“Esta crisis no puede ser una excusa para buscar rendijas para retroceder en materia de protección ambiental, con el objetivo de favorecer las actividades económicas y el negocio, aunque éstas pongan en peligro nuestro entorno y nuestra salud”, señala López de Uralde, para quien “Más bien al contrario, la salida de la crisis deberá ser, necesariamente, social y ecológicamente justa”. 

 

El coronavirus ataca también la lucha contra la emergencia climática

A última hora de la noche del miércoles conocimos la noticia de que, debido a la crisis generada por el coronavirus, se suspende la Cumbre del Clima (COP26). Tenía que celebrarse en Glasgow (Reino Unido), entre el 9 y el 18 de noviembre, pero al parecer los organizadores han preferido posponerla. Se trata de una mala noticia para la lucha contra la emergencia climática, que sólo puede mitigarse si se celebra en la primera mitad de 2021, y por tanto el retraso es pequeño.

Es una paradoja que la actual pandemia pueda tener como uno de sus impactos, el debilitamiento todavía mayor de los maltrechos compromisos globales de lucha contra el cambio climático. Precisamente uno de los impactos más notables de los cambios en el clima y la degradación de los ecosistemas es que facilitan la aparición y expansión de nuevas enfermedades. Por tanto la lucha climática lo es también contra nuevas pandemias.

La COP26 es una reunión clave: los 200 gobiernos del mundo tienen que llegar a la misma con nuevos objetivos, más ambiciosos de los actuales, que permitan cumplir con el objetivo de mantener el aumento de temperatura global por debajo de 1,5 ºC. De mantenerse los compromisos actuales, las temperaturas subirían por encima de los 3 ºC. Sin embargo, posponer la cumbre reduce la presión a los gobiernos para que aumenten sus objetivos.

Desgraciadamente la profundidad y gravedad de la crisis del COVID-19 puede ser utilizada de excusa para poner en riesgo la ambición de los gobiernos en la lucha contra la emergencia climática. Es evidente que ahora hay urgencias mayores, pero también debe serlo que la emergencia climática sigue estando ahí, generando impactos cada día más visibles. Por ello, entendemos que la salida de la crisis del coronavirus debe servir de impulso a un nuevo modelo en el que se promuevan  políticas verdes que generen empleo en un escenario donde la sostenibilidad sea un objetivo prioritario.

Esta decisión llega también en medio de una profunda crisis de la Unión Europea. Su futuro también está en juego por las políticas alemana y holandesa de volver a aplicar en 2020 las recetas que aplicaron en la crisis económica de 2008. No sabemos en qué va a acabar la actual fractura, pero entretanto es deseable que la UE avance en su ley del clima, con un objetivo actualizado de reducción de emisiones de -55% para 2030 antes de la COP26 (sea finalmente cuando sea).

La crisis del coronavirus no debe ser una excusa para frenar las políticas contra la emergencia climática, sino un acicate para ser todavía más ambiciosos y actuar con mayor urgencia. Por ello esperamos que la COP26 no se retrase más allá de los primeros meses de 2021.

[Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia].

El futuro después del coronavirus: diez cosas que debemos cambiar

Quizás empiecen a acercarse los días en que tenemos que pensar en el futuro. Todavía doloridos por lo que estamos viviendo, no podemos quedarnos parados ante la catástrofe, ni seguir lamentándonos mientras nos  lamemos las heridas buscando culpables. Cada día está siendo más brutal que el anterior, pero sabemos que vamos a salir de esta. Por eso, empiezo a plantear ideas de cosas que deben cambiar, a la luz de lo aprendido en las últimas semanas de coronavirus.

Pensando el futuro, he aquí diez propuestas de cambios basadas en  lo que estamos viviendo:

  1. Será necesario generar mucho empleo y los mayores yacimientos están en los sectores de la economía verde. Tenemos la oportunidad y la necesidad de alejarnos lo más posible de ser una sociedad de servicios (en especial turísticos) y diversificar nuestra economía.  Impulsar sectores como las energías renovables, la industria verde, el reciclaje o la gestión y cuidado de nuestros espacios protegidos, pueden servir para generar millones de empleos, y alejarnos de la actual superdependencia del turismo.
  2. Esta crisis ha puesto de manifiesto que no puede derivarse toda la producción a otros continentes, porque nos deja en una posición de extrema debilidad. Se acabó el «todo made in china». Es necesario recuperar la producción de muchos bienes. No se trata de una autosuficiencia obsoleta, sino de mantener una capacidad de producción suficiente. De una nueva reindustrializacion, pero en verde.
  3. La capacidad de producción de alimentos ésta siendo clave en estas semanas. Recuperar y poner en valor nuestro sector primario, y poner en valor el objetivo de la soberanía alimentaria. Recuperar nuestro medio rural, especialmente la España vaciada.
  4. Recuperar el valor de lo público. La crisis del coronavirus ha arrancado un consenso impensable hace sólo unas semanas alrededor de lo público.  Se acabó machacar la sanidad pública, que se ha alzado como un escudo que ha defendido a nuestra sociedad frente a la pandemia.
  5. Poner en valor los cuidados (en especial de nuestros mayores, pero no sólo). Ha quedado en evidencia que los cuidados de los más débiles necesitan de una mayor dotación de recursos humanos y económicos, y ahí también hay un enorme yacimiento de empleo.
  6. La próxima pandemia es la crisis climática. La lucha contra el cambio climático debe ser una prioridad, y no una víctima de esta crisis. Nadie podrá decir que no estábamos avisados: la comunidad científica es unánime en la exigencia de medidas drásticas para hacer frente a la otra gran emergencia, la climática.
  7. Hemos comprobado que es posible reducir las emisiones de gases a escala global y en muy poco tiempo. El reto ahora es hacerlo manteniendo el empleo y la actividad económica. Podemos vivir contaminando menos.
  8. Una lección importante es que conservar la biodiversidad es la mejor garantía para evitar nuevas pandemias. Proteger el bosque, especialmente tropical, y perseguir el tráfico de animales se han convertido en políticas de salud pública, y no sólo en demandas ecologistas.
  9. Reducir la movilidad para respirar mejor. Hemos comprobado también cuantas cosas pueden hacerse online, sin necesidad de movernos tanto.
  10. Hay que repensar Europa, dejando atrás los días de las políticas neoliberales. La Unión Europea sólo tendrá futuro si afronta una transformación hacia políticas solidarias entre sus miembros, y mucho más sociales y ecologistas. Nos gusta Europa, pero la queremos diferente.

Se trata de sólo algunas de las cosas que debemos cambiar, pero si acertamos con ellas tenemos un futuro mejor por delante, y habremos hecho realidad aquello de que toda crisis es una nueva oportunidad.

[Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia]

Después del coronavirus: cambiar para vivir

Como las olas que observamos romper desde la playa, la segunda, la que viene detrás, es mucho mayor que la que ahora está rompiendo. Tras la ola del coronavirus acecha una nueva crisis de dimensiones aún mayores y cuyas consecuencias serán mucho más graves en todos los sentidos: hablamos del cambio climático. Debemos extraer numerosas lecciones de la difícil situación que vivimos, pensando en el futuro y a la vista de lo que se nos viene encima. Y, ciertamente, frente a la crisis climática, nadie podrá excusarse diciendo que no se conocían cuáles iban a ser las consecuencias, ya que pocos fenómenos han sido descritos con tanta precisión por la comunidad científica. Si lo que estamos viviendo con el coronavirus es devastador, que al menos nos sirva la experiencia para prevenir la tragedia climática.

Una diferencia clave de la situación del clima con respecto a la pandemia que vivimos con el coronavirus es que con aquélla hay una gran unanimidad entre los científicos sobre la necesidad de actuar con extrema urgencia. Quizás el coronavirus no avisó con suficiente claridad de sus graves impactos hasta que no lo tuvimos encima, pero no es el caso del cambio climático.

Me llama la atención que, durante la actual emergencia sanitaria, haya quien se haya referido en tono de burla a Greta Thunberg, como si ya se hubiera pasado la urgencia climática. Nada más lejos de la realidad, aunque ciertamente el parón económico está suponiendo también un respiro para el medio ambiente. No hay que confiarse: todos los expertos coinciden en que crisis como la actual son dañinas en el largo plazo para el medio ambiente porque si no aprendemos las duras lecciones, todo puede volver a ser igual.

Que las cosas vuelvan a ser como eran es, quizás, lo que mucha gente está esperando, y es deseable en el sentido del empleo, del contacto humano y de recuperar la libertad de movimientos. Pero creo que tenemos que ir más allá y trabajar para que las cosas sean mejor de lo que fueron, y para ello debemos extraer algunas lecciones de la situación actual.

Quizás la lección más relevante aprendida durante la crisis del coronavirus ha sido la recuperación del valor de lo público, de lo común. Después de décadas de abandono y deterioro de los servicios públicos, por una ola neoliberal que parecía no tener fin, la sociedad vuelve a valorar lo que significa tener una sanidad pública y universal cuyos trabajadores y trabajadoras se han convertido en los héroes de esta crisis. Este hecho debe tener consecuencias políticas en el futuro, en el sentido de que se vuelvan a poner en valor los servicios públicos.

En medio de tanto sufrimiento también hemos recuperado el sentido de comunidad, de hacer cosas para apoyar nuestros vecinos, especialmente aquellos que lo necesitan más. Hemos opuesto calidad humana ante un modelo incapaz de resolver nuestras necesidades más básicas.

Muchos científicos nos están alertando de que la destrucción de ecosistemas, especialmente forestales, y el comercio con animales salvajes están detrás de esta pandemia, y de las sucesivas que vendrán. Hay más motivos para mirar de forma positiva a nuestro medio ambiente, y luchar por preservarlo con mucho mayor énfasis.

Llama la atención la rápida bajada que se ha producido en los índices de contaminación de los países y ciudades más afectados por la pandemia. Es evidente que ello se ha producido a un alto coste económico y social, pero también es muestra de que puede hacerse, y en un plazo muy corto. Tendremos, por tanto, que analizar en profundidad si hay medidas de las que se han tomado que pueden alargarse en el tiempo e incluso mantenerse. Es el caso del teletrabajo, una práctica que, marginal en nuestro país, podría generalizarse, así como las reuniones ‘on line’, que reducirían enormemente la necesidad de viajes.

Otra lección que debemos extraer es la importancia de la producción de cercanía. Quizás hemos empezado a redescubrir que no todo puede ser producido en China, y que necesitamos producir bienes y alimentos aquí. Los productos de ‘kilómetro cero’ han cobrado una importancia manifiesta en tiempos de fronteras cerradas.

Éste es sólo un breve y rápido repaso a cosas que han cambiado en muy pocos días. El tiempo nos irá mostrando nuevas lecciones de los cambios que estamos viviendo en estos días. Ahora necesitamos ser conscientes de que el día después no podremos ignorar todas estas lecciones, porque tenemos delante otra crisis aún mayor a la que hacer frente, y estamos recuperando algunas herramientas que nos van a ser muy útiles. Por eso es mucho lo que debe cambiar: mantengamos lo bueno que tenemos, pero aprovechemos lo que hemos aprendido.

Aprovechemos las lecciones aprendidas con la primera ola y realicemos los cambios urgentes que nos hagan fuertes para prevenir la siguiente crisis: la climática. Que no se diga que no nos avisaron de lo que vendrá.

[Artículo publicado en El Siglo de Europa]

Coronavirus y crisis climática

La crisis sanitaria que estamos viviendo, nos deja muchas lecciones, y sobre todo, una evidencia: que existe una vinculación entre la destrucción de entornos naturales y la aparición de nuevas enfermedades.

Durante estos primeros días de confinamiento, hemos hablado de ello en la sección de ecología de La Cafetera, de Radiocable, donde hemos dedicado los dos últimos programas a abordar todas las cuestiones ambientales en torno al COVID-19, desde su origen a sus consecuencias, así como a la crisis ecológica y climática, y la escasez de agua, un bien que se ha convertido en fundamental para hacer frente a la propagación del virus.

Puedes escuchar las entrevistas completas, aquí.

Repensar nuestro litoral

El paso de la borrasca ‘Gloria’ por el Mediterráneo español ha dejado un rastro de destrucción en las costas que está generando un intenso debate sobre qué hacer ante esta nueva realidad ambiental en la que estamos ya inmersos. Es cierto que situaciones meteorológicas extremas se viven con frecuencia en nuestro Mediterráneo, pero no lo es menos que cada vez se repiten con más asiduidad e intensidad. En esta temporada llevamos ya siete eventos extremos, superando con mucho la media de años anteriores.

Las evidencias apuntan con fuerza a que estamos en un nuevo escenario debido a la crisis climática, una nueva “normalidad” ante la que hay que prepararse. Lo que hemos vivido con ‘Gloria’ volverá a ocurrir, y cada vez con mayor fuerza.

El Colegio Oficial de Geólogos ha sido quien ha abierto un debate necesario: han propuesto “deconstruir” infraestructuras en tramos enteros de litoral para evitar que se los lleve el mar, y también para recuperar barreras naturales que son los elementos más eficaces contra la erosión costera.

Aunque en España este debate es relativamente nuevo, en otros países ya se está actuando en este sentido ante la subida del nivel del mar. En la actualidad el mar está subiendo 33 mm. al año, y la tendencia es a que esa subida sea cada vez mayor. En Francia, por ejemplo, a través de una simulación, se han identificado los edificios que quedarán anegados en la próxima década por esa subida, para proceder a su demolición.

El caso de España es más complejo, ya que nuestro litoral está saturado de construcciones en primera línea de playa. Acometer esta tarea no será fácil, pero hay que abordarla cuanto antes. No tiene sentido seguir gastando ingentes cantidades de dinero público en recuperar infraestructuras que una y otra vez se ven anegadas por el mar. Tampoco la solución puede pasar por regenerar playas una y otra vez, para que acaben comidas por el mar en unas semanas.

Las herramientas naturales pueden ser mucho más eficaces. Así, se ha visto que las playas que mantienen las estructuras dunares son mucho más resistentes a la erosión. Sin duda, recuperar las dunas parece un camino correcto.

Lo cierto, insisto, es que nos encontramos en una nueva realidad, y las cosas en el litoral ya nunca van a ser como hasta ahora. Podemos esconder la cabeza y pretender que nada está pasando, o mirar al problema de frente y abordarlo. Creo que, por difícil que sea el tema, hay que hacerlo cuanto antes.

[Artículo publicado en El Siglo de Europa]

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