A veces me siento en la hierba de Urgull, fijando la vista en el mar. Trato de buscar algún punto que muestre un objeto flotante. Casi siempre es una barca, pero sueño con que un día volverá a aparecer una ballena vasca.

Sí. Hay una especie de ballena (Eubalena glacialis), conocida como ballena de los vascos o ballena franca. Está en muchos de los escudos de nuestros pueblos costeros, como recuerdo a lo que fue una actividad de primer orden: la caza de la ballena. Todavía hoy cada 14 de mayo se celebra en Orio la caza de aquella última ballena, capturada en 1901; episodio descrito en unos versos populares, cantados por Benito Lertxundi.

La tradición ballenera vasca es muy antigua. Los hallazgos arqueológicos muestran que es anterior a la de los vikingos. Siguiendo a la ballena, nuestros marineros llegaron muy lejos: desde la costa Noruega, hasta la península de Labrador. Pero también llevaron a la ballena vasca hasta  su extinción en nuestras costas.

La Eubalena glacialis venía en invierno a la costa cantábrica para tener sus crías, y retornaba  al norte en época de verano para alimentarse en la costa irlandesa, o escandinava, llegando hasta el archipiélago de Svalvaard. Muchas de las bahías y ensenadas que utilizaba en el Cantábrico para su cobijo en la época de partos, hoy están ocupadas por algún puerto o infraestructura. 

En los últimos años se han visto nuevamente algunas ballenas francas por el atlántico nordeste. Se cree que son individuos divagantes, provenientes de la población norteamericana. También en la costa Canaria y africana se han avistado algunos individuos.

Así que todavía hay esperanza para la ballena vasca. Tal vez un día vuelva a aparecer por nuestras costas. Para ello, no estaría mal cuidar el mar mucho más…