Como ocurre después de cada COP, el diagnóstico sobre el resultado de la COP25 es variable según la fuente a la que se consulte. Los negociadores y políticos siempre suelen hacer una valoración en positivo, mientras los movimientos ecologistas son mucho más duros en sus declaraciones finales. Probablemente ambas partes tengan “sus” razones, pero lo que es indiscutible es que los datos son contundentes: un año más en 2019 las emisiones globales de CO2 han vuelto a subir, lo que tras 25 COPs da alas al pesimismo.  En esta encrucijada, ¿cómo hacer frente de forma efectiva a la emergencia climática?

Desde mi punto de vista de nada sirve apuntar a la herramienta (la COP), ya que sus escasos resultados son consecuencia de la escasa voluntad política de países muy importantes en volumen de emisiones como Estados Unidos, Brasil, China, India o Rusia. En otras palabras: el problema de fondo es la falta de ambición política de esos gobiernos, e incluso el negacionismo del que alardean algunos de esos gobiernos. Apuntar por tanto a la COP como culpable es un ejercicio tan inútil como contraproducente, ya que puede servir de cortina de humo para ocultar los verdaderos culpables de la situación.

Desde hace años algunos venimos apuntando al papel obstaculizador de las corporaciones energéticas y de los combustibles fósiles en la lucha  global contra el cambio climático. Los lobbies empresariales han boicoteado cumbres, financiado con grandes sumas el negacionismo y bloqueado avances en la lucha contra el cambio climático. Además, han cooptado gobiernos importantes en el tablero mundial que ahora se ponen a la cabeza en el boicot a los avances en política climática. Aquí está el corazón del problema, y conviene tenerlo en cuenta para no seguir errando el tiro, ni la crítica.

Es significativo que en la COP25 la representación física de dos países clave, Brasil y Estados Unidos, estuviera sustentanda por la sociedad civil y no por sus respectivos gobiernos. El stand de Brasil era un espacio que estaba habilitado por la sociedad civil, ante la ausencia de un pabellón gubernamental. En el caso de Estados Unidos, el movimiento We are still in compartía espacio nada menos que con WWF.

De la misma manera en toda esta COP25 ha sido muy visible la presencia de la sociedad civil, desbordando en muchos casos la misma Cumbre, como con la masiva manifestación del 6D. Los emergentes movimientos juveniles han ventilado como un soplo de aire fresco el conjunto del proceso.

La clave de la lucha contra la emergencia climática en esta década crucial pasa por:

 

  • Apuntar con claridad a las corporaciones responsables del aumento constante de las emisiones, descubriendo a sus lobbies y exponiendo su irresponsabilidad, incluso en los tribunales.
  • Denunciar el negacionismo climático en todas sus formas. El silencio no puede ser una opción: el negacionismo político oportunista y criminal debe ser expuesto y contestado de manera permanente.
  • Fortalecer los movimientos sociales contra el cambio climático.  La lucha en la calle es una herramienta imprescindible para conseguir avances políticos.
  • Los avances más importantes pueden darse a nivel local, en las ciudades grandes y pequeñas. Por ello es fundamental el trabajo en las urbes, sea cual sea el signo del gobierno del país.
  • Fortalecer los movimientos en los países con gobiernos negacionistas a través del apoyo, la denuncia y la cooperación internacional. Quienes luchan en ambientes adversos deben saberse apoyados.

A través de todo esto debemos acompañar las luchas políticas y los necesarios avances tecnológicos y científicos. Con todo ello podemos llegar a alcanzar ese objetivo de reducción de las emisiones de un 50% para el año 2030. No hay tiempo para el desánimo: la pasividad no es una opción.

 

[Artículo publicado en EfeVerde]