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El blog de Juantxo López de Uralde

Corrupción: a grandes males, grandes remedios.

 

 

Es indudable que la corrupción es una de las mayores preocupaciones de los españoles. En el último barómetro del CIS así lo declaraba el 51% de los encuestados. Y es que la corrupción extiende sus efectos a casi todos los sectores de la sociedad, y levantarse cada mañana con la noticia de un nuevo caso es absolutamente intolerable.

El abuso de lo público por parte de los corruptos afecta profundamente a nuestro bienestar. Por un lado, resta recursos públicos que podrían dedicarse a políticas sociales. Por otro, a menudo está relacionado con la privatización de servicios públicos, que se ponen en manos de amiguetes con el argumento (nunca demostrado) de que “la empresa privada gestiona mejor”.

Pero además, la corrupción política es una de las grandes responsables del deterioro ambiental de nuestro país. Las eléctricas cambian puestos en sus consejos a cambio de regulaciones que perpetúen su oligopolio y las constructoras se adueñan de nuestras costas, nuestro agua y nuestro suelo con el beneplácito de ayuntamientos y comunidades autónomas. De hecho, buena parte de los casos de corrupción en nuestro país han estado vinculados con la construcción, y el urbanismo.

Sin embargo, a pesar de la importancia del problema, a menudo nos centramos más en las consecuencias que en las causas. Resulta cómodo pensar que la causa de la corrupción radica simplemente en una serie de individuos sin ningún reparo moral, que aterrizan en lo público únicamente para beneficio personal. Y este pensamiento es cómodo porque podemos pensar que la solución es tan simple como votar a otro partido en las siguientes elecciones. Es verdad que el factor personal es sumamente importante: no se logrará ninguna solución al problema si no aseguramos que los que se aprovechan personalmente de lo que es de todos paguen con su libertad y con su patrimonio. Las profundas tramas corruptas vinculadas al Partido Popular demuestran la degradación sistémica a la que se ha llegado en nuestro país.

La causa de la corrupción está en el propio sistema político y económico y su solución pasa por cambios que introduzcan altas dosis de transparencia y rendición de cuentas. No podemos aspirar a erradicar la corrupción sin una profunda regeneración democrática que establezca los mecanismos de control para evitarla. Sin ellos, antes o después, aparecerá en un puesto público alguien sin escrúpulos, dispuesto a coger lo que es de todos.

En nuestra democracia no existen verdaderos órganos de control ciudadano de la actividad política y, además, los gobiernos de mayoría absoluta (o de un bipartidismo dispuesto a entenderse bien para estos temas) concentran demasiado poder en sus manos. La solución pasa por una mayor transparencia en la actividad del gobierno, unos ciudadanos empoderados e informados que puedan ejercer un verdadero control y un poder judicial con medios materiales y capaz de actuar con total independencia.

Es necesaria una reforma de nuestro sistema de justicia, que otorgue verdadera independencia a los jueces (ahora gobernados por un Consejo General del Poder Judicial excesivamente politizado) y a los fiscales (encabezados por un fiscal general nombrado por el Gobierno al que se supone que debe vigilar). Otras instituciones de control no ofrecen muchas más garantías. Hace pocos meses, la prensa reveló cómo los procesos de selección del Tribunal de Cuentas estaban regidos en realidad por el parentesco o la amistad. La reforma del Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas y el resto de órganos de control, para hacerlos más democráticos e independientes, es una de las grandes asignaturas pendientes de nuestro país.

En Equo, llevamos tiempo proponiendo muchas más ideas al respecto, desde la creación de un registro de lobbies que permita conocer las presiones que los grupos empresariales ejercen, hasta la puesta en marcha de un sistema de incompatibilidades que acabe con las puertas giratorias. Además hay que acabar con el modelo productivo basado en el ladrillo y el turismo de sol y playa, pues mientras la fuente principal de financiación municipal sea la venta de suelo y el turismo la única manera de generar empleo, el terreno estará abonado para que las constructoras tengan la sartén por el mango.

Nadie dijo que fuera fácil, pero nadie negará que es necesario.

2 Comments

  1. Oscar Cantero

    12.06.2015 at 13:01

    Para evitar los problemas de la corrupción hay que ir a la base, el dinero que maneja la administración en contratos públicos si esos trabajos los realizará directamente el estado con personal contratado como funcionarios o personal laboral no existirían esos contratos publicos y esas corruptelas más empleo público y más trabajo de calidad dos problemas solucionados.

    • Si el personal laboral contratado siguen siendo los amiguetes del cacique de turno, y luego sólo dan puntos a quienes hayan tenido trabajos y cursos del sector público, seguimos en las mismas…

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