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El blog de Juantxo López de Uralde

Un viaje a la revuelta en Libia

Hace un par de años dirigí la expedición de un barco de la organización Greenpeace a Libia. Era una expedición conservacionista en defensa del tan amenazado atún rojo. En aguas libias es donde todavía se concentra la mayor parte del maltratado tunido para su reproducción cada primavera, y se trataba con la campaña de impulsar su protección en toda la vertiente sur del Mediterráneo. Libia era logicamente una parada obligada. La preparación de la expedicion me permitió conocer de primera mano la realidad de Libia.

Desde el primer momento quedó claro que para negociar la entrada del buque – el Arctic Sunrise – en el puerto de Tripoli había que conseguir el visto bueno el hijo de Gadafi, Saif el- Islam, a través de su fundación. Aquello ya nos dió una pista de que, en realidad en Libia detrás del aparante gobierno de Gadafi, en realidad los hilos los mueve su hijo, cuyo nombre se traduce como «el sable del Islam», y es quien en realidad decide en Libia.

Educado en universidades extranjeras, y buen conocedor del mundo occidental, lleva mucho tiempo siendo la mano del régimen en materia económica, y el negociador con todas las corporaciones que por alli campan, entre ellas la muy española Repsol. Por cierto, ¿qué dicen sobre la situación del momento?

Al llegar al puerto de Tripoli, fuimos informados de que no podiamos bajar del barco, y que todas las reuniones, o gestiones que pudieramos hacer debíamos hacerlas desde el mismo barco. Ni que decir tiene que eso impedía cualquier movimiento eficaz o reunión de verdadero interés.

Para hacer una rueda de prensa nos pidieron que firmaramos una carta en la que agradecíamos al Gran Gadafi su hospitalidad, bla, bla, bla…Ni que decir tiene que me negué a firmar la carta. En la rueda de prensa se presentaron varias personas vestidas de militar que se sentaron alli a escuchar. No hace falta decir que  tuve serias dudas de que pudieramos salir de Libia. Afortunadamente unos días después pudimos levar anclas y salir de alli. Eso sí, sin haber pisado las calles de Tripolí.

Libia nada en petróleo. Su riqueza petrolífera es inmensa, y su población pequeña. Bien podía haber sido la Noruega del Mediterráneo.

Al ver las encendidas amenazas de Saif el-Islam en televisión, un escalofrío me recorre la espalda. Precisamente esa riqueza petrolífera me hace sospechar que los intereses económicos que alli anidan no permitirán un cambio que los ponga en peligro. Ojalá me equivoque.

2 Comments

  1. Me avergüenza la actitud de los gobernantes occidentales, incluidos los nuestros, con ese eufemismo de «no podemos interferir, sólo acompañar». Atados de pies y manos por asuntos económicos, acompañamos eludiendo criticar los asesinatos cometidos contra ciudadanos que piden democracia, la misma democracia de la que nosotros tanto presumimos y de la que carecemos.

  2. La hipocresía de occidente, y mas concretamente de Europa, y por supuesto, España, es tan alucinante, que me parece que hemos llegado con toda nuestra democracia a un estado de amoralidad cotidiana escalofriante. Vendemos armas, pero mandamos ayuda humanitaria… y a nadie parece importarle lo mas mínimo, lo mas peligroso es que lo vemos como algo normal: vendemos lo que podemos, TODO LO QUE PODEMOS, y después si hay que ayudar se ayuda y nos quedamos tranquilos. Realmente esta moral cristiana, católica especialmente, que llevamos inculcada desde la cuna de puedes pecar, no es lo mas conveniente, Dios no lo quiere, pero…pero luego te confiesas y !ya está!, perdonados te son tus pecados ha hecho un daño extraordinaria a las mentes dirigentes, y al común del pueblo, porque somos ta humanos cuando pecamos, se nos ve tan cercanos..

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